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Eficiencia energética e información mundial

El patrón actual del sistema energético a nivel mundial está basado en la generación de energía a partir de combustibles fósiles como el petroleo, el carbón vegetal y mineral y el gas.

La creciente preocupación mundial acerca del futuro de nuestro planeta ha establecido un importante punto de partida respecto al cuestionamiento de los patrones actuales de producción y consumo de energía.

El cuestionamiento de este patrón energético es debido fundamentalmente a que los recursos son limitados y a que se encuentran en determinados puntos del planeta, a que el uso de este patrón actual está provocando graves efectos sobre la salud de los seres humanos y sobre el medio ambiente.

De tal manera, que hoy en día necesitamos garantizar la seguridad energética, necesitamos controlar la contaminación provocada por la quema de combustibles y minimizar el efecto invernadero provocado por la emisión de gases a la atmósfera [GEI]. Cada día dañamos nuestro clima utilizando combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) en el transporte, en la industria y para producir electricidad. La generación de energía a partir de estos combustibles genera mundialmente el 61% del total de los gases de efecto invernadero.

Ademas, existen también otros retos que se han vuelto urgentes. La demanda mundial de energía está creciendo a un ritmo vertiginoso. No solo países como China demandan cada vez mas energía. La excesiva dependencia de las importaciones energéticas de unos pocos países, que generan inestabilidad e inseguridad en el suministro, y los precios del petróleo y del gas en constante aumento, han colocado la seguridad energética como tema de preocupación en las agendas políticas de los gobiernos de todo el mundo.

El cambio climático ya está afectando a nuestras vidas y se prevé que destruirá el medio de vida de muchas personas en los países en vías de desarrollo, numerosos ecosistemas y especies en las próximas décadas. Por esta razón debemos reducir de manera drástica nuestras emisiones de GEI, una medida importante tanto desde el punto de vista medioambiental, como social y económico.

Se ha constatado que la temperatura media de la Tierra ha sufrido un aumento durante el siglo XX de 0,6 +- 0,2 °C, además de que existe una disminución real de la cobertura del hielo ártico y un aumento de la frecuencia e intensidad de los denominados desastres naturales como huracanes, sequías y lluvias torrenciales. Según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), el foro de expertos de las Naciones Unidas, se espera un incremento de la temperatura mundial durante los próximos 100 años de hasta 5,8° Celsius, un aumento mucho más rápido que el experimentado hasta ahora en la historia de la humanidad. Frente a esta situación existe cada vez mayor consenso en no sobrepasar los 2°C de aumento de la temperatura global con respecto a la era pre industrial. Ante un aumento de 2° C y superior se producirá un aumento dramático de los daños a los ecosistemas ocasionando desastres sociales y naturales.

Estos hechos han provocado que en los últimos tiempos se firmen una serie de compromisos políticos internacionales que apuestan por alcanzar un modelo de desarrollo sostenible: Cumbres de la Naciones Unidas de Río de Janeiro (1992) y de Johannesburgo (2002), Protocolo de Kioto, adoptado en la Convención Marco del Cambio Climático de las Naciones Unidas de 1997 y ratificado en febrero de 2005, Declaración del Milenio (2000), y Plan de Acción dela Conferencia de Bonn sobre Energías Renovables de junio de 2004.

Entre los científicos existe el consenso de que un cambio fundamental en los patrones en producción y consumo de energía debe comenzar cuanto antes. Necesitamos una transformación completa de la forma de generar, distribuir y consumir la energía. Sólo una revolución energética nos permitirá limitar el calentamiento global a menos de 2° Celsius, una revolución que genere una reducción de las emisiones globales de GEI del 50% para el 2050 en comparación con los niveles de 1990.

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